“El 21 de septiembre de 1997, cuando bordeaba la costa de Virginia, el costoso crucero USS Yorktown quedó detenido en medio de las aguas. El Yorktown estaba preparado para resistir la explosión de un torpedo o una mina, pero nadie pensó en un sistema de defensa que le protegiera del cero. Grave error. Ocurrió que se había instalado en los ordenadores del Yorktown un nuevo programa que controlaba las máquinas. Por desgracia nadie detectó la bomba que representaba un 0 en los códigos, un 0 que debía haber sido borrado durante la instalación. Por una u otra razón, el 0 se quedó allí olvidado, escondido en el código. Y allí permaneció hasta que fue requerido por el programa, y originó el colapso del ordenador. Cuando el programa trató de dividir por 0, los 80.000 caballos de potencia del buque quedaron inutilizados al instante. Llevó tres horas rearmar los controles de emergencia del motor y poder llevar el buque, a trancas y barrancas, hasta el puerto más cercano. Los ingenieros tardaron dos días en extraer el 0 del programa, reparar las máquinas y dejar al Yorktown listo para combatir. Ningún otro número podría haber causado semejante daño.”
Leído en Cero, la biografía de una idea peligrosa, de Charles Seife. (Podéis leer más sobre este incidente en Cabovolo).
Que los occidentales tenemos un acusado sentido del negocio y del espectáculo es algo que no debe sorprender al lector. Pero que en 1931, hubo quien se planteara en serio montar una “faraónica” atracción turística sobre la gran pirámide de Keops (la única de las siete maravillas del mundo antiguo que sigue en pie) es algo excesivo incluso para nosotros, ávidos seguidores de la única religión verdadera: el capitalismo.
El viejo artículo de Popular Mechanix (año 1931) en el que encontré la imagen, no dice nada del proyecto salvo que esperaban el placet de las autoridades egipcias para iniciar los trabajos. Afortunadamente ese permiso nunca llegó. Como veis el “atentado” consistía en colocar una estructura mecánica giratoria (alimentada con un motor eléctrico) que diera soporte a tres habitáculos – similares a teleféricos – para los turistas.
De haberse llevado a cabo tamaña barbaridad, hoy tal vez hablaríamos de la desaparición del total de las citadas siete maravillas. Eso si, no penséis que con el tiempo los humanos nos hemos vuelto más prudentes en nuestras pretensiones megalomaníacas. Ahí está el triste y reciente ejemplo del hotel Algarrobico en pleno Parque Natural Cabo de Gata.
¡Si es que no aprendemos!
Visto en el blog de Modern Mechanix

La asociación india 5th Pillar ha comenzado con gran éxito una campaña encaminada a acabar con la corrupción en aquel país, una costumbre demasiado común entre los funcionarios indios y que hasta ahora el pueblo llano soportaba en silencio.
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Durante estos últimos cinco años, todos hemos podido leer noticias sobre científicos que lograban teletransportar información gracias a una propiedad llamada entrelazamiento cuántico. Noticias llamativas todas ellas que, sin embargo, distaban años luz del sueño de cualquier trekkie: teletransportar humanos. Y así sigue siendo, aunque la información que nos ocupa hoy podría suponer una revolución que apenas podemos imaginar.
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Investigadores del Laboratorio de Percepción de Máquinas en la Universidad de California San Diego, han desarrollado un bebé robot (130 cm de alto y 30 kgs de peso) que simula el comportamiento de un niño de 1 año de edad, con el objeto de analizar el desarrollo cerebral de un bebé. Para estudiar los gestos faciales, los investigadores de la UCSD han equipado al pequeño robot (al que llaman Diego-San) con un “cabezón” ciertamente sorprendente, además de con una cámara de alta resolución y acelerómetros de 6 ejes. A pesar de que su coordinación es limitada (solo sabe levantarse de una silla y agarrar una botella de agua) el rostro del robot-bebé cuenta con 20 partes móviles que le infieren emoción en ausencia de palabras. Precisamente esa compleja maquinaria parece ser la razón del desorbitado tamaño de su cabeza.
Lo vi en Gizmodo

El “avioncito de papel” que véis en la foto superior, es en realidad la semilla de una planta cucurbitácea javanesa llamada Alsomitra macrocarpa. Cuando la vaina de esta enredadera tropical malasia (una especie de calabaza del tamaño de un balón de fútbol, tal y como se ve en la foto inferior) libera una de sus 400 semillas completamente aerodinámicas, estas son capaces de planear a través de la pluvisilva trazando amplios círculos en busca de un hueco en el atestado suelo donde poder germinar.
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Si ayer tuvisteis la fortuna de poder mirar al cielo (aquí en Asturias lleva todo el fin de semana cubierto y lloviendo) y ver la luna, seguramente os pareció más grande de lo normal… y en efecto, para el observador terrestre lo era. Y no me refiero al famoso efecto óptico que nos invade cuando vemos la luna cerca del horizonte (del que ya os hablé en este post) sino a un verdadero aumento de tamaño (del 14%) y brillo (hasta un 30%). ¿A qué se debe este fenómeno? Sencillo, la luna estaba ayer cerca de su punto máximo de aproximación orbital a la Tierra (o perigeo).
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Todos sabemos que las opciones para alcanzar un proceso de fusión nuclear rentable pasan por el ITER y el NIF, pero leyendo hoy un artículo en el Independent me he enterado de una tercera vía en la que la fusión se obtiene colisionando átomos de hidrógeno y de boro 11 en un acelerador de partículas. Al parecer físicos de la Universidad de Florida creen que esta tecnología podría estar funcionando en solo una década.
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Recientemente tuve el placer de conocer a Gonzalo Nieto Feliner, director de Real Jardín Botánico de Madrid. Me habría encantado hablar largo y tendido con él, pero las circunstancias no eran propicias (mucho barullo ambiental) así que espero poder repetir conversación en el futuro. No obstante, durante aquella charla me habló de los diarios que esta institución, fundada en 1755, pone gratuitamente a disposición de sus visitantes con frecuencia semestral y que podéis bajaros en formato PDF desde su página web.
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Ahí la tenéis, aceitunera altiva, llevando su cosecha al hombro. Se llama Sarah Nunn y no es de Jaén. Ni siquierra cultiva sus olivas a la rivera del Mediterráneo, sino en un sitio tan exótico como West Sussex, Inglaterra.
Yo no se si la culpa la tiene la justa fama de la dieta mediterránea, el cambio climático o la tradicional insipidez de la cocina británica, pero lo cierto es que el señor Stephen Nunn y su esposa, ambos de 45 años, dejaron un buen día sus trabajos (él en una oficina, ella daba clases de piano) y se pusieron a cultivar olivas con más ilusión que conocimiento.
El año pasado se fueron a Italia con su primera cosecha para ver si los expertos olivareros transalpinos daban el visto bueno a sus aceitunas. Y así ha sido, por lo que ahora el matrimonio Nunn vende sus frutos en el almacén de su villa en Sidlesham, West Sussex. ¡Ahí queda eso! Los primeros agricultores británicos que logran comercializar olivas “hechas en casa”.
Los Nunn dicen que ahora cuentan con más experiencia, y que los buenos resultados en las pruebas han sido una sorpresa que les ha dejado maravillados. ¿Será esto el principio del fin del Pudding?
Lo vi en el Times, porque si no no me lo creo.
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